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Diócesis de Alajuela

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Semana Santa 2010

SEMANA SANTA EN LA CATEDRAL DE ALAJUELA - 2010

La oportunidad de celebrar los misterios de Cristo en su Pasión, Muerte y Resurrección, para los creyentes es motivo de esperanza, ya que vamos como “discípulos y misioneros tras las huellas del Maestro”. Tres son los enfoques para esta ocasión: el año Sacerdotal, el año del Kerigma, que es el anuncio vivo de Cristo Resucitado y la cercanía de Jesús caminando con nosotros. (Lc 25.15b)  De seguro tendremos muchos motivos además de éstos,  para hacer experiencia reafirmando la fe como Pueblo de Dios, que es la Iglesia.

 

DOMINGO DE RAMOS:

La visita de Jesús a Jerusalén y el rechazo del mismo, nos muestran el camino de Jesús, el camino de la Iglesia y el camino del creyente, camino que se basa en el discipulado perfecto enfrentando oposición y persecución, pero a pesar de esto lo que queda bien claro es que Dios está con él.( Is 50, 4-7)  Jesús es el siervo aniquilado pero glorificado, por la obediencia al Padre, El es el ejemplo de Cristiano verdadero. Flp 2,6-11. Lc 32, 14-23,56

AÑO SACERDOTAL:
“FIDELIDAD DE CRISTO, FIDELIDAD DEL SACERDOTE”

MISA CRISMAL: El Señor me ha ungido y me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren y derramar sobre ellos perfume de fiesta, para cantar eternamente las misericordias que vienen del Señor, pues el Señor esta sobre mí y nos ha hecho reino de sacerdotes para Dios.

Renovación de las promesas sacerdotales:

Es a conmemoración anual del día en que Cristo confirió su sacerdocio a los apóstoles y a los sacerdotes, a los cuáles se les invita a renovar las promesas de la ordenación, es decir:

1. Configurarse más con Cristo y unirse más con El.
2. renunciar a uno mismo y ser más de el.
3. reafirmar la promesa de cumplir los sagrados deberes de la ordenación  y a la Iglesia.
4. permanecer como fieles dispensadores de los misterios de Dios en la celebración de la Eucaristía y las otras acciones litúrgicas.
5. desempeñar fielmente el ministerio de la predicación
6. alejarse de las pretensiones de los bienes materiales
7. pretender solo el Celo de las almar
8. Configurarse con Cristo cabeza y pastor.
Luego se invita a todo al Asamblea a Orar por la Fidelidad de los Sacerdotes y del ministerio, Orar también por la persona del Obispo

¡Cristo, óyenos, Cristo, escúchanos.

Óleo de los Enfermos:  para que cuantos sean ungidos con él sientan en cuerpo y alma tu divina protección y experimenten alivio en sus enfermedades y dolores.

Óleo de los Catecúmenos: concede a tu fortaleza a los que han de ser ungidos con El.

Oleo del Crisma:    Crisma viene de Cristo, unción para los creyentes a fin de que se configuren con Cristo, sacerdote, profeta, rey y mártir, renovados por el baño espiritual del bautismo, convertidos en templo exhalen el perfume de una vida santa. Crisma de la salvación.


 JUEVES SANTO
, CENA DEL SEÑOR:

El lavatorio de los pies, fe y comunión con Cristo entregado por nosotros, aceptar a quien se entrega por nosotros, comunión: aceptar a Cristo entregado hasta el fin y consecuencias, fortalecer el sentido de confianza y sentido ético de la comunión con Cristo.

Las lecturas nos presentan: la Ley sobre el cordero y la cena pascual, conmemoración de la liberación de Egipto. La tradición paulina de la institución de la cena del Señor y el lavatorio de los pies, al comienzo de la última cena, signo de amor hasta el fin, que se debe aceptar.

 
VIERNES SANTO:

La cruz de Cristo es su trono de Gloria, nos plantea el cuarto canto del siervo de Yahvé, el misterio de la eficacia del sufrir y la verdadera participación de Jesús en el sufrimiento humano, su sentido sacerdotal y su atención a Dios. (Hebreos 4,14ss)

 

PREGÓN PASCUAL (Lc 24,1-12)

Hermanos:

Celebramos hoy la resurrección de Jesús:
el Dios, todo amor, ha hecho Vida plena a su Hijo;
la muerte se ha hecho vida;
la noche se ha convertido en “día del Señor”.

Que Jesús resucitado esté en lo más profundo de vuestro ser, en vuestro espíritu:
El Resucitado esté con vosotros...
Levantemos el corazón...
Demos gracias al Señor nuestro Dios...
Especialmente esta noche (hoy), es justo y necesario dar gracias a Dios:
porque su Amor resucitó a Jesús de entre los muertos;
porque su Amor ilumina la esperanza de la humanidad;
porque su Amor dinamiza la concordia universal.
Jesús resucitado es ya un amor que no se apaga,
un manantial inagotable de vida,
una presencia de libertad y dignidad humanas.
Jesús resucitado acompaña nuestra vida de comienzo a fin:
a través del agua, nos “creó” hijos de Dios y hermanos de todos;
a través de la unción con el crisma, nos “entregó el don del Espíritu Santo”
que perfuma, sella y habilita para realizar nuestra vocación cristiana;
a través del pan y del vino, su vida resucitada se hace “alimento” nuestro;
a través de la conversión, “reconcilia” con su amor el desvarío y la soledad;
a través de nuestras manos, “llama” a servidores que nos reúnen en su nombre;
a través de nuestros amores, “hace” a las parejas signos de su amor permanente;
a través del aceite, “sosiega” nuestra enfermedad con su paz y esperanza.
Jesús resucitado no está presente sólo en los sacramentos:
el Espíritu creador de Dios ha penetrado todo su ser;
le ha hecho gloria, luz, comunión, presencia ilimitada, transparencia plena,
“espíritu de vida”, “carne olvidada de sí misma” por amor .


Jesús resucitado habita el universo entero, especialmente el corazón humano,
y, entre los humanos, ha hecho “vicarios” suyos a los más desvalidos:
“mira, estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta,
entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo”;
“si alguno me ama, guardará mi doctrina, y mi Padre lo amará,
e iremos a él y habitaremos en él”.
“Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros...
porque tuve hambre y me distéis de comer, tuve sed y me distéis de beber,
era extranjero y me acogisteis, desnudo y me vestisteis,
enfermé y me visitasteis, estaba en cárcel y fuisteis a verme”.


Jesús resucitado está “donde dos o más se reúnen en su nombre”:
nos entrega su Espíritu de vida y amor;
nos restaura interiormente como hijos del Padre y hermanos de todos;
nos recuerda sus palabras que no pasan de moda;
nos invita a ser testigos del amor del Padre.


¡Alegría!, hermanos, Jesús de Nazaret vive en nosotros y con nosotros.
Nosotros, que hemos creído en el amor del Padre, “hemos recibido su Espíritu
que nos hace hijos y nos permite gritar: ¡Padre!
Este mismo Espíritu asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios;
ahora, si somos hijos, somos también herederos:
herederos de Dios, coherederos con el Mesías;
compartir sus sufrimientos es señal de que compartiremos también su gloria”,
Este cirio encendido representa a Cristo resucitado:
en su luz hemos prendido las velas de nuestra vida.
Cristo es ya nuestra luz.
Cristo vive para siempre.
Cristo nos ama siempre.
Estemos seguros: nada, ni vida y ni muerte, puede separarnos de su Amor,
por los siglos de los siglos.
Amén.
(Rufo González Pérez)

 

ALELUYA, EL SEÑOR RESUCITÓ!